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EL TRIUNFO DE VIVIR.

 

Reza la letra de una canción que "vivir es lo más peligroso que tiene la vida". La vida son obstáculos, tropiezos, levantamientos y logros. Te quita pedacitos de ser y te da impulsos para seguir, te devuelve ilusiones cuando, con anterioridad, te robó sueños, te regala luz después de haberte enseñado lo que es la oscuridad, te mira de tú a tú,  te plantea desafíos sin saber si los podrás alcanzar. La vida es tan complicada como bonita. Quita y da, da y quita, qué más da, cuando lo perdido ya no se puede recuperar.

 

Ayer, dos toreros, David Mora y Jiménez Fortes, volvieron a hacer el paseíllo de la vida. Dejando atrás un calvario de dolor, sufrimiento e incertidumbre. Tratando de aparcar los imborrables sinsabores de aquel momento tan inolvidable como certero, tan duradero en el tiempo. Aquellos días donde el milagro vino a sus encuentros. A pesar de todo, el miedo seguía existiendo.

 

Al frente, se divisaba un ruedo de espera, unos toros que aguardaban en chiqueros, la realidad de un sueño. El público puesto en pie ante unos héroes de carne y hueso, de corazones palpitantes, de ojos lagrimosos, llenos de inquietudes y cicatrices dibujadas en la piel. Ejemplos de fe, lucha, ambición y superación.

 

Echaron a caminar, dejando huellas al pasar. Despacito. Saboreando aquel mágico instante. Sin prisas. Con tranquilidad. Sintiendo sus pies el camino, rozando la suela en la arena, buscando un incierto destino. Arrastrando el peso de lo vivido, gritando vida, abanderando verdad. Gracias, TOREROS, por volver.

 

El abrazo de vida. El triunfo de vivir. Cuestión de héroes vestidos de oro...

 
Fotografía: Santana De Yepes


Texto: Eliana Abellán Sánchez (@Eliana_Abellan)

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