Ir al contenido principal

MI QUERIDA DUQUESA.

 

“Si hay que morir que sea en Sevilla”. Sevilla es mucho Sevilla, la ciudad que huele azahar, la que cadenciosamente baila al son de las aguas del Guadalquivir, la que mira a la Maestranza desde Triana para emocionarse con una Puerta del Príncipe o la que se engalana para disfrutar de sus fiestas más populares. Sevilla, el amor más profundo de la Duquesa de Alba, en estos días llora hasta con el repique de sus campanas. Su Sevilla del alma, la que llevaba en el corazón tatuada porque alardeaba orgullosa de ser, sin serlo, sevillana.

 

Mi querida Duquesa, flamenca y torera, de la feria de Abril y la Semana Santa, de las costumbres y tradiciones, monárquica y conservadora, al mismo tiempo, de espíritu libre. Romántica a no poder más, el amor la parte de su vida fundamental, amante del arte, sencilla, moderna, risueña, alegre, luchadora, solidaria y tantas, tantas cosas más…

 

Lo confieso abiertamente, soy fan de Doña Cayetana, la admiraba y la respetaba porque me enseñó que la vida es una y que hay que vivirla apasionada e intensamente, amar sin límites, a ser libre como las golondrinas, a vivir y sentir, sentir y vivir, como uno quiera, a su manera, pero sin complejos, sin fronteras.

 

Es de esas mujeres que me hubiese gustado conocer, empaparme de su sabiduría, de su cultura, de sus formas, de sus tan personales maneras. Tuve el privilegio de estar un día a su lado, como no podía ser en otro lugar, en nuestra querida ciudad Hispalense, y poder mostrarle mi admiración hacia su persona y mi gratitud por su apoyo y defensa incondicional a la Tauromaquia. Fue uno de los momentos que guardo con más cariño en el baúl de mis recuerdos.

 

La recordaré siempre, bailando, en una plaza de toros con su mantilla, en una Semana Santa al ver a su Cristo de los Gitanos, en cualquier acto benéfico, pero sobre todo la recordaré como una mujer enamorada de la vida, que vivió como quiso, como sintió, como soñó. Simplemente, siendo feliz.

 

Gracias por enseñarme tanto…

Hasta siempre, mi querida Duquesa…

 

 Eliana Abellán Sánchez (@Eliana_Abellan)

 
 

Comentarios

Entradas populares de este blog

A MI BANDERILLERO CURRO JAVIER:

  Vuelvo al mismo punto de partida, la soledad. Sin excusas me acompaña una día más. Dicen que comenzamos a escribir desde que algo comienza a dolernos. No sé si será verdad pero, aquí estoy, de nuevo, intentando desahogar cada latido que siento en el pecho.   Hay decisiones que duelen. A veces me preguntó el por qué tanto. Lo entiendes, sabes que puede pasar, pero en el fondo no quieres. La vida sigue su curso, es como el río que fluye entre aguas que buscan nuevos caminos por abrir, nuevas metas y destinos. Las ilusiones renacen, los sueños impacientes vuelan como el aire.   Escuchas un “me voy, es el momento de cambiar de aires” y parece que automáticamente todos los recuerdos se amontonan en la mente. Así, sin más, uno detrás de otro, sin descanso, sin olvido, hasta se oye el eco de lo acontecido. Y, es inevitable llorar aunque, al mismo tiempo, la felicidad de lo vivido te haga sonreír sin parar. Cuántos momentos juntos, de risas, de tristeza...

QUERIDOS REYES MAGOS:

Imagen de google. Este año no quiero juguetes ni regalos caros, tampoco con esta carta quiero pediros demasiado, sé que en estas fechas tenéis mucho trabajo. Perdonar la letra, todavía no tengo suficiente práctica en reglones rectos y párrafos perfectos. A estas horas, todos andan ilusionados y contentos, y hasta nerviosos por vuestra llegada desde Oriente.   Quiero pedir para conseguir que el mundo sea más mundo y humano, que no se aprieten los gatillos de las armas, que las bombas no hagan ruido, que no hayan fronteras entre los Estados, que todos seamos bienvenidos. Yo tan solo quiero para el hombre un poco de cordura para así acabar con tanta locura, un silencio que apague gritos, unas palabras que alcen la voz para callar miedos y establecer diálogo, que el terror no tenga cabida en nuestro entorno, que entre hermanos haya cariño infinito. Majestades, quiero pedir ilusión para el que no tiene ganas de vivir, fuerza para el que le flaquean lo...

SENTIRSE COSTALERO.

Imagen extraída de Internet Enmudeció la garganta saetera al cerrarse el balcón donde nacía la voz y hasta las aves volaban tristes, sin saber que dulce melodía cantar. La Semana Santa acabó, como acaban los sueños al despertar aunque durante estos días despertar era sinónimo de sueño. Cómo voy a extrañar ese ruido de las zapatillas de los costaleros, los suspiros que dentro de sus pasos se escuchaban hondos, las “levantás” que tocaban el cielo, el olor a incienso perfumando la primavera, las hermandades haciendo su estación de penitencia.   Te puedo contar que me sumergí en un barrio, sencillo pero muy sentido, de valientes costaleros, de tronos con la emoción unida a sus varales, de balcones engalanados con flores y de un sentimiento contagioso que cada año hace que esté de nuevo allí para volver soñarlo.     Miré a la Madre de Dios, con sus andares de Reina, para que mis ojos perdidos en su mirada, iluminada por la cancelería, fueran...