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QUÉ GRANDE ES ESTE SENTIMIENTO.

Dicen que los mejores sueños ocurren cuando estás despierto, cuando ves con claridad que ese sueño es realidad, que lo puedes tocar, sentir, acariciar. Aquella tarde me dejé guiar por los latidos de mi corazón, decidí seguir sus pasos, no tenía nada planeado. Me llevó hasta el túnel que une el ruedo con el exterior de la plaza, un lugar donde las emociones se palpan y se desbordan, hasta parecen más sonoras por el eco que guardan sus paredes.

 

Allí estaba, rodeada de multitud de personas, quizás guiadas por el corazón como iba yo, quizás llevadas allí por presenciar el inigualable momento que es ver salir a hombros al héroe de la tarde, al torero. Sin más, al abrirse las puertas que dan al ruedo, mi corazón comenzó a palpitar, lo sentía, lo intuía, lo esperaba.

 

De nuevo, entre tanta gente, nuestras miradas se cruzaron al mismo tiempo que nuestras manos se juntaron. Esta vez, fueron ellas las que propiciaron el diálogo. Un diálogo mudo, escrito en versos callados, en suspiros susurrados casi sin apenas notarlos. Noté como me agarró fuerte, muy fuerte, con toda la palma de la mano y que mi brazo recorrió el trayecto que pudo sin soltarlo. Fue tan intenso que jamás podré olvidarlo.

 

En ese instante, al cogerle la mano y percibir como su fuerza resbalaba entre sus dedos para dejarla posada en mi mano, era una fuerza que me arrastraba, que me llevaba, que me llenaba. La misma fuerza que, cuando estoy caída me ayuda a levantarme, la que me impulsa a seguir recorriendo caminos, ésa que me empuja hacia delante, la magia que todo lo puede, la energía que todo lo mueve. Es un poder que sé que existe, que está ahí, que lo siento, que me conmueve. En ese momento, mi mundo era diferente.

 

Nuestras manos se soltaron, él seguía su camino hacia el exterior de la plaza, la puerta grande estaba abierta de par en par, como dos alas que vuelan al viento, era su ciudad y su gente la que lo esperaba. Mientras, desde dentro, observaba todo aquello y pensaba lo bonito que era lo que estaba viviendo. Ahora, recordando, pienso qué grande es este sentimiento.

 

Eliana Abellán Sánchez (@Eliana_Abellan)

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